El yoga del corazón.

Es muy habitual cuando impartes una clase de yoga, que las personas “nuevas” te hagan preguntas como “no sé si sabré hacerlo, “no tengo equilibrio”, “no tengo elasticidad”, “no sé respirar, “no sé si me saldrán bien las posturas”… y esas preguntas nos la hemos hecho todos lo que alguna vez “empezamos en yoga”.

Ante esas preguntas hay una posible respuesta… “no se trata de entender, se trata de sentir”, y en eso basamos nuestras clases, sentirnos a nosotros, sentir nuestra respiración, sentir nuestro cuerpo en postura, sentirnos como nos sentimos, respirar como nos respiramos… el resto…llegará cuando tenga que llegar sin esperar nada, básicamente es volver a lo esencial del ser humano, a lo que éramos cuando éramos niños en lo que teníamos esa mochila de vida vacía, tan sólo nos dedicábamos a jugar, a sentir nuestro presente y para eso, sólo teníamos que ser niños, no teníamos que ir a clase de yoga.

Desde mi humilde opinión, como profe de yoga y practicante de esta disciplina, me permito opinar sobre el yoga con una frase, SENTIRME EN ABANDONO.

Hablamos mucho del abandono en las clases de yoga, y si desmenuzamos esa palabra veremos que es más fácil entenderla cuando nos dejamos sentir en lo “agustito” del momento, cuando estás contigo, con tu esterilla, con tu respiración a la que acompaña el cuerpo fluyendo en cada postura que hacemos, en cada sentir en la esterilla y en cada agradecimiento al finalizar cada clase.

Aprendí la diferencia de querer al yoga y amar al yoga cuando dejé de pedirle, cuando dejé de pensar que el yoga me iba a aportar algo, iba a ganar flexibilidad, iba a mejorar mi postura corporal, iban a mejorar mis sistemas, iba a mejorar mi salud… sí…eso ocurre pero ocurre sólo con la práctica constante, no tengo que pensar en ello para que ocurra, aprendí la diferencia entre querer al yoga y amar al yoga cuando dejé de esperar nada de él, sólo fluyo, me dejo, me abandono a la práctica y a la meditación y empecé conocerme por dentro y a tener la relación más larga que puedas tener jamás, que es la de estar conmigo misma.

Una forma de vida en la que tan sólo intentamos ser nosotros disfrutando el momento presente, el aquí, el ahora y dejando que la vida nos sorprenda en cada amanecer.

 

Si aún no lo has probado, te invito a que lo hagas con una sonrisa, con el corazón abierto a lo que venga y con la tranquilidad y el respeto que te tienes a tí mismo.

Gracias… Namasté

Yolanda Núñez.